
Don Pocholo SRL, un ejemplo de desarrollo local y sostenible en Calingasta
"Don Pocholo era mi papá", dice Alfredo con emoción visible. "El legado que me dejó fue el trabajo y el esfuerzo". Aquel almacén de adobe de su padre se convirtió, casi medio siglo después, en el cimiento de Don Pocholo S.R.L., una empresa que no solo resiste en su pueblo, sino que es contratista en proyectos de la talla de Pachón, Altar y Casposo.
Todo comenzó en 2009, cuando Alfredo decidió retomar las riendas del negocio familiar. Había pasado por la política, estaba agotado, descreído, y no pensaba volver. Pero fue Silvina, su esposa y hoy socia, quien lo convenció de no abandonar la tradición. “Ella me dijo que por respeto a la historia de la familia, no podía dejarlo morir. Y tenía razón”. Así nació la SRL con el nombre que homenajea al padre y fundador: Don Pocholo".
Los comienzos fueron duros. “Absorbí los cinco empleados que ya estaban, todos en blanco, en una Calingasta donde predominaba el trabajo informal. La competencia era muy desigual, pero lo hicimos igual”. Empezaron con carnicería, ferretería, almacén, y luego sumaron una tienda. “Replicamos todos los rubros que tenía mi viejo abuelo. Y los mantenemos hasta hoy”.
El gran salto ocurrió cuando Alfredo, luego de haber defendido la actividad minera en tiempos difíciles, incluso enfrentándose políticamente a referentes locales, decidió dejar de ser espectador. Fue a golpear puertas y consiguió entrar con una pala cargadora a Casposo.
“No fue fácil, no me prestó nadie al principio. Pero Carlos me dijo que sí, y empezamos juntos”, de esa forma nació Servicios Calingasta. Pronto llegaron más equipos, más contratos, más empleados. “Hoy tenemos 50 equipos, entre maquinaria vial y camionetas. Y lo más importante: trabajo genuino para 80 familias”.
De esos 80 trabajadores, el 92% son de Calingasta. Esa premisa —que la mano de obra sea local— es un principio innegociable para Alfredo. “No traigo gente de afuera, salvo en casos en que no consigo el perfil técnico en el pueblo. Ingenieros, topógrafos, especialistas en seguridad. Pero el resto es calingastino”.
La empresa creció tanto que hoy compite con nombres pesados del rubro minero: Mapal, Zlato y Techint. Y no por favores políticos. “He hecho lobby, sí, pero nos eligen porque cumplimos. Porque somos de acá y damos trabajo acá. Invertimos en el pueblo y estamos presentes en cada institución”.
Este año, Don Pocholo fue reconocida por Glencore en el programa Safe Work por no registrar siniestralidad laboral en trabajos de alto riesgo en la cordillera. “Éramos 60 empleados trabajando en doble turno, en plena montaña. Es muy difícil eso. Por eso el reconocimiento es más que merecido. Nos llena de orgullo”.


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