Reflexión Dominical: La luz del día de Pascua nos ilumina

En el silencio de la mañana, resuena la noticia ante el sepulcro vacío: “No está aquí. ¡Ha resucitado!”
Comunitarias05/04/2026 Pbro. Ángel Hernández

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Como sucede con los grandes misterios, la mente no alcanza a comprender; por eso, solo nos queda el corazón para creer en aquello que es invisible a los ojos. La Vida palpita: no siempre la vemos, pero la experimentamos y anhelamos gustarla. Ella se nos ofrece hoy en palabras de promesa y en signos de banquete; se hace sentir en la Iglesia congregada, en la fe compartida y en el silencio elocuente de las vendas y el sudario abandonados.

El sepulcro vacío nos recuerda que la tumba no puede retener al que es la Vida. Al Resucitado lo encontraremos ahora en la intimidad del corazón, en el cansancio del camino, en la noche del dolor, en la alegría compartida, en el rostro del pobre y en la mano extendida del amigo.

Su Presencia —viva en la Palabra proclamada y en el Pan partido— se hace fortaleza en los óleos de la unción y en cada pacto de entrega amorosa. Se hace consuelo en la enfermedad y certeza firme ante el misterio de la muerte.

Allí donde estemos, si se lo permitimos, Él estará para tomarnos de la mano y levantarnos, para resucitarnos y colmarnos de la Vida que brota, inagotable, de su Cuerpo Glorioso.

¡Cristo ha resucitado!
¡Verdaderamente ha resucitado!
¡Feliz Domingo de Pascua de Resurrección!

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