
Guardar recuerdos en papel: la historia de Camila y el scrapbook en San Juan
Valeria Moreno
A los 12 años, Camila empezó a guardar pequeños fragmentos de su vida en un cuaderno. Entradas, etiquetas, stickers, fotografías y todo aquello que sintiera que merecía conservar encontraba un lugar entre sus páginas.
En aquel momento ni siquiera sabía que lo que estaba haciendo tenía un nombre. Lo hacía porque tenía miedo de que esos recuerdos se perdieran y porque imaginaba que, algún día, podría mostrárselos a sus hijos.
Sin saberlo, estaba descubriendo el scrapbook, una técnica que años después se convertiría en una de sus grandes pasiones.
Cuando los recuerdos se convierten en historias
El scrapbook puede entenderse como una forma de contar historias a través de recortes, fotografías, objetos y pequeños detalles. La palabra surge de scrap, que significa recorte o fragmento, y book, libro: un libro construido a partir de pequeñas partes de aquello que queremos recordar.
Un viaje, un cumpleaños, el primer año de vida de un hijo, una etapa escolar, una salida especial o simplemente un momento cotidiano pueden convertirse en una página.
Para Camila, justamente ahí está la magia, no hace falta conservar solamente los grandes acontecimientos. Muchas veces son esos pequeños objetos que parecen insignificantes los que terminan reconstruyendo una historia completa.
De una afición de infancia a un emprendimiento
Pasaron los años y aquella costumbre de guardar recuerdos siguió acompañándola. En 2024 decidió comenzar un emprendimiento que inicialmente estaba relacionado con velas y sahumerios inspirados en Anne with an E, una de sus series favoritas.

Un año después incorporó el scrapbook a su proyecto y comenzó a compartir esa pasión con otras personas. Así nació Anne Papelería, pero también una idea que iría creciendo: crear encuentros para que otras personas pudieran descubrir el mundo del scrap.
La propuesta surgió, en parte, al conocer que en otros lugares ya existían reuniones de este tipo. Camila veía esos encuentros y pensaba que sería hermoso tener algo parecido en San Juan.

“Acá en San Juan no había algo de este estilo”, cuenta. La idea era combinar el scrapbook con una merienda y, sobre todo, generar un espacio donde las personas pudieran conocerse, conversar, crear y disfrutar.
Crear con las manos en tiempos de pantallas
Para Camila, hacer scrapbook significa amor.Su vínculo con el papel comenzó justamente durante una época en la que los celulares e internet empezaban a cambiar la manera de guardar nuestros recuerdos. Mientras las fotografías, mensajes y experiencias fueron pasando cada vez más al mundo digital, ella encontró en el papel una manera diferente de conservarlos.

Papel, cintas, stickers, fotografías y pequeños detalles forman parte de sus creaciones. Cada página puede convertirse en una cápsula del tiempo.
Y algo que pudo comprobar con sus propios álbumes es que los recuerdos no solamente permiten volver a un momento vivido, también permiten observar quiénes éramos.
Hoy puede abrir una página que hizo a los 12 años y recordar exactamente qué estaba viviendo. Puede mostrársela a su mamá o a sus hermanas y volver a conversar sobre aquel momento.
También puede observar cómo cambió su manera de escribir, los colores que elegía, las técnicas que utilizaba y hasta su forma de expresarse.
Un espacio para descubrir que todos pueden crear
Los encuentros que organiza están pensados para cualquier persona que tenga ganas de crear. Han participado desde niñas de 12 años hasta mujeres de 60, y la propuesta no está limitada a una edad determinada.
En los encuentros temáticos, cada participante recibe un kit especial, un álbum y una merienda. Durante la jornada se aprende sobre scrapbook, desde la combinación de papeles y los materiales que pueden utilizarse hasta los tipos de pegamento y distintas técnicas para comenzar a crear.

Pero para Camila hay algo todavía más importante que aprender una técnica.
Muchas personas llegan pensando que no son creativas o que no saben por dónde empezar. Después del encuentro, se van con una sonrisa y con ganas de continuar creando.
Por eso considera que un taller puede ser también el comienzo de un nuevo hobby y un espacio para dedicarse un momento a uno mismo.
Guardar recuerdos también es guardar momentos de nuestra vida
Lo más especial de la historia de Camila es que aquellos primeros álbumes que comenzó a construir cuando tenía 12 años todavía tienen algo para decirle.
Cada página conserva una parte de lo que vivió, pero también una parte de quién era en ese momento.
Mientras los álbumes fueron creciendo, ella también lo hizo.
Y, para Camila, esa es una de las cosas más lindas del scrapbook: guardar los recuerdos y, al mismo tiempo, guardar una parte de uno mismo en cada etapa de la vida.
Ahora, aquella niña que alguna vez llenó un cuaderno con pequeños fragmentos de su historia busca que otras personas también puedan descubrir el placer de convertir sus propios recuerdos en algo que puedan tocar, mirar y conservar para siempre.
Para quienes quieran sumarse a los próximos encuentros, Camila comparte toda la información y novedades a través de Instagram y TikTok: @annepapeleria.ok.


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