Reflexión Dominical: "Yo soy el camino, la verdad y la vida"

Cada vez que Jesús utiliza la expresión “Yo soy”, nos revela el misterio de su persona a través de una imagen sugerente
Comunitarias03/05/2026 Pbro. Ángel Hernández

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“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”
Cada vez que Jesús utiliza la expresión “Yo soy”, nos revela el misterio de su persona a través de una imagen sugerente. Si el domingo anterior se presentaba como la Puerta, hoy se nos revela como el Camino.
En su discurso de despedida, el Maestro busca consolar a los suyos dándoles a conocer que su destino será también el de ellos. Él va al Padre —en eso consiste su Pascua—, pero promete volver para llevarlos consigo. Nuestra experiencia humana ante la muerte es de una separación definitiva; nos queda la esperanza de un reencuentro lejano. En cambio, Jesús prometió volver y cumplió resucitando de entre los muertos. Ahora, gracias a Él, el acceso al Padre está abierto.

“Nadie va al Padre sino por mí”
Todos anhelamos llegar a la meta, alcanzar la plenitud y reposar en un lugar seguro. La mayoría de las religiones conciben la muerte como un viaje hacia el "más allá", aunque sin poder precisar su naturaleza. Para la fe de nuestros padres y para nosotros los cristianos, ese deseo se traduce en un encuentro personal:
“Para mí lo bueno es estar junto a Dios” (Sal 73, 28) o “¡Dichosos los que viven en tu casa!” (Sal 84, 5).
La "Casa" es el Padre; habitar en ella es permanecer en Él, tal como lo hace el Hijo. Por eso, el único que puede enseñarnos cómo llegar y cómo permanecer es Jesús. Él no solo conoce el camino: Él es el Camino.

“Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre”
La experiencia de habitar en la Verdad y recibir la Vida es una realidad posible ya hoy. No es solo una promesa futura, sino presente, siempre que: Hayamos aceptado a Jesús por la fe. Hayamos pasado con Él de la ignorancia al conocimiento y de la muerte a la vida. Hayamos fundado nuestra existencia en la Piedra Angular, llegando a ser, como "piedras vivas", morada de Dios por el Espíritu.

Estos días de Pascua deben servirnos para profundizar en esta certeza: hay algo que ya se ha realizado, aunque esperemos su plenitud. Ya estamos en el Padre porque Jesús nos ha injertado en Él. Antes no éramos pueblo, pero ahora somos el Pueblo de Dios; antes no habíamos alcanzado misericordia, pero ahora nos inunda su gracia.

Como raza elegida, sacerdocio real y nación santa, nuestro envío hoy es anunciar las maravillas de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Cantemos las alabanzas del Señor y gocemos de su presencia en la Eucaristía.

¡Buen domingo!

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