Historias de campo; cuando pedir prestado un gato a otra familia era habitual

Esta historia se narra en Iglesia, cuando las distancias eran largas y el acceso incluso a tener animales domésticos era escaso.
Culturales23/05/2026JULIO FONSECAJULIO FONSECA

gatos

Imaginemos una casona de campo, en Iglesia, generalmente con actividad agrícola y un galpón o granero destinado a guardar parte de las cosechas veraniegas como maíz, zapallos, manzanas, frutos secos y otros valiosos alimentos para pasar el invierno, lo que convertía ese galpón en un tesoro familiar.

Las ratas, que siempre fueron un problema para la humanidad, también hacían daño a estos depósitos que podían arruinar la vida invernal de la familia, por lo que era fundamental contar con al menos un gato, que no era una mascota simple, sino mas bien un guardián contra los rodedores.

El problema aparecía cuando el gato moría o desaparecía, dejando vulnerable el depósito familiar, y en esa época no abundaban como hoy, ni los gatos, ni las comunicaciones que hoy vemos en las redes sociales, entonces la solución era una, pedir prestado el felino a alguna comadre o vecina para tenerlo por algunos días, hasta poder eliminar el problema de los roedores. Por lo que no era raro ver pasar a una señora llevando en su montura un gato, que increíblemente obedecía y parecía entender la situación quedándose tranquilamente a convivir con la familia ocasional hasta ser devuelto a su familia original.

En este contexto, las familias debían procurar encargar gatitos a los vecinos y familiares con el fin de poder volver a contar con el guardián de los graneros.

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