
Recuerdos de antes: El tejo, un juego que se dibujaba en la tierra
Valeria Moreno
Un pedazo de tierra, un palito para marcar los casilleros y una piedrita podían ser suficientes. Con eso, aparecía el tejo.
El dibujo se hacía directamente en el suelo, en el patio de tierra. Se marcaban los casilleros y comenzaba el desafío: tirar la piedra en el número que correspondía y recorrer el camino saltando, sin pisar las líneas ni el lugar donde había caído la piedra.
Había que tener equilibrio, puntería y, sobre todo, paciencia. Si la piedra caía afuera, se pisaba una raya o uno perdía el equilibrio, el turno pasaba al siguiente.
Después había que volver a intentarlo.
El objetivo era avanzar casillero por casillero hasta completar todo el recorrido. En muchas versiones, el último destino era el “cielo”.
Lo curioso es que para jugar no hacía falta tener un juguete." Los cuadritos se podían dibujar en unos minutos y la piedrita aparecía en cualquier rincón.

El tejo tuvo distintas formas y reglas según el lugar y la época. En algunos sitios se lo conoce como rayuela, mientras que en otros recibe nombres como luche, golosa o avión. Pero la esencia era casi siempre la misma: saltar, esquivar las líneas y tratar de llegar hasta el final sin equivocarse.
Para quienes alguna vez dibujaron un tejo en la tierra, puede alcanzar para volver por un instante a aquellas tardes en las que jugar era tan sencillo como salir a la vereda.

Eran tiempos en los que, para divertirse bastaba con muy poco.
A veces solo se necesitaba una piedra, un poco de tierra y mucha imaginación para jugar.


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