A fuego y sangre: la historia de Francisco Narciso de Laprida

El prócer sanjuanino detrás del nombre de una calle y una muerte llena de interrogantes.
Culturales28/10/2026Valeria MorenoValeria Moreno

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Cuántas veces pronunciamos el nombre de una calle sin saber quién fue la persona que le dio su nombre?

Francisco Narciso de Laprida es uno de esos nombres que forman parte de nuestra vida cotidiana, pero cuya historia va mucho más allá de una calle o de su participación en la Independencia. Fue un abogado prestigioso, un hombre culto, íntegro y respetado, que tuvo un papel fundamental en uno de los momentos decisivos de nuestro país.

Nacido en San Juan en 1786, se destacó por su preparación intelectual y por ser una figura de consulta en la vida política de su época. Como representante sanjuanino en el Congreso de Tucumán, estuvo a cargo de la sesión del 9 de julio de 1816, cuando los diputados declararon la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

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Aquel día quedó ligado para siempre a su nombre. Sin embargo, la historia de Laprida no terminó con la declaración de la Independencia. Años después, las profundas divisiones políticas que atravesaban al país lo llevaron a tomar partido en los enfrentamientos entre unitarios y federales.

Después de etapa independentista, las discusiones sobre cómo organizar el país dieron paso a una serie de conflictos que enfrentaron a antiguos compañeros de causa. En ese escenario, Laprida se identificó con el unitarismo y, pese a su formación como abogado e intelectual, también tomó las armas.

Su participación en aquellas luchas lo llevó a Mendoza, donde el 22 de septiembre de 1829 se libró la batalla de Pilar. Allí encontró la muerte, a los 42 años. Pero lo que ocurrió exactamente en sus últimos momentos quedó envuelto en relatos que, con el paso del tiempo, dieron lugar a distintas versiones.

Los relatos no coinciden. Una de las versiones sostiene que Laprida murió durante la retirada de las fuerzas unitarias, alcanzado en medio de la persecución. Otra afirma que fue herido con una lanza y posteriormente decapitado.

Pero existe también una historia mucho más estremecedora, según ese relato, lo habrían enterrado dejando la cabeza al descubierto y luego varios jinetes habrían pasado sobre ella. Se trata de una versión que circuló con el tiempo, aunque no tiene respaldo histórico suficiente para presentarla como un hecho comprobado.

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También se ha contado que su cuerpo habría sido llevado al Cabildo de Mendoza para intentar reconocerlo, aunque las circunstancias de ese supuesto episodio tampoco permiten establecer con certeza qué ocurrió con sus restos.

La falta de certezas alimentó el misterio alrededor de su final. Hasta hoy, las distintas versiones obligan a distinguir entre los hechos documentados y las historias que se transmitieron con los años.

La vida de Francisco Narciso de Laprida permite ir más allá de aquel día de julio de 1816. Fue un hombre de leyes y de pensamiento, respetado por sus contemporáneos, que terminó involucrado en los enfrentamientos que marcaron los primeros años de la organización nacional.

 Detrás del nombre de aquella calle sanjuanina hay mucho más que un prócer de los libros escolares. Existe una vida atravesada por la política, las convicciones y una muerte cuyo desenlace todavía despierta dudas.

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