De los abuelos a los nietos: 50 años de tradición en el restaurante Iranzo de Pocito

Abrió en 1976 y nunca cerró: la historia de una familia que convirtió el trabajo en legado.
 
Personalidades21/04/2026Valeria MorenoValeria Moreno

En Pocito hay lugares que no son solo espacios físicos, son refugios de memoria, puntos de encuentro, escenarios de historias que se repiten generación tras generación sin perder su esencia.
Iranzo es uno de ellos.

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Manuel y Lola en el Iranzo de la vieja esquina.

Todo comenzó hace 50 años, cuando Manuel y Lola llegaron desde España con lo único que realmente importa cuando se empieza de cero: ganas de trabajar, sueños y la decisión de no rendirse. En 1976, en el Club Caza y Pesca, frente a la plaza departamental, dieron forma a algo que entonces era apenas un comienzo… sin imaginar que estaban creando una historia que atravesaría décadas.

Con el tiempo, ese esfuerzo silencioso se transformó en un legado. Manolo continuó el camino iniciado por sus padres junto a Norma Flaqué, y juntos formaron su familia, integrada por sus hijos Leandro y Dayana. Con los años, ambos se convirtieron en parte activa de un proyecto que trascendió generaciones.

El paso a un nuevo local marcó una etapa de crecimiento, pero no de cambio en lo esencial. La identidad del lugar se mantuvo intacta: la comida, el trato cercano y el compromiso con quienes, con los años, se convirtieron en mucho más que clientes.

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Detrás de cada paella hay años de historia: Norma es quien mantiene viva esta tradición en Iranzo.

Entre los sabores que construyeron su identidad, la paella y la parrillada ocupan un lugar central. En particular, la paella tiene un valor especial dentro de la historia del restaurante: es preparada por Norma, quien con dedicación y pasión sostiene una tradición que se fue transmitiendo con los años. Junto a la parrillada, se convirtieron en clásicos del lugar y en uno de los principales motivos por los que muchos clientes vuelven una y otra vez.

Iranzo nunca fue solo un lugar para comer

Fue —y sigue siendo— un espacio donde los vínculos se construyen con el tiempo. Donde hay clientes que dejaron de ser clientes para convertirse en parte de la historia. Donde hay mesas que vieron crecer familias enteras.

“Para mí, La Vieja Esquina es mucho más que un lugar… es parte de mi vida. Me apasiona y me emociona profundamente, porque detrás hay muchos años de historia, de esfuerzo y de familia”, expresa Dayana Iranzo, hija de los actuales propietarios y parte de la nueva generación que continúa con este legado.

A lo largo de los años, el restaurante también se convirtió en un espacio de encuentro para distintas expresiones culturales. “Tuvimos la suerte de recibir a muchos artistas. Eso le dio un valor especial a lo que hacemos y dejó recuerdos muy lindos que hoy forman parte de nuestra historia”, cuenta.

Sostener un proyecto durante tanto tiempo no estuvo exento de dificultades. Sin embargo, hay una idea que atraviesa toda su historia: nunca pensaron en cerrar. La convicción, el trabajo constante y los objetivos claros fueron el motor para seguir adelante.

Hoy, mientras una tercera generación sostiene el presente del restaurante, una cuarta comienza a asomarse tímidamente entre mesas y recuerdos familiares, proyectando una historia que sigue en movimiento.

A 50 años de aquel comienzo, el restaurante sigue abriendo sus puertas cada día con la misma esencia. En tiempos donde todo cambia rápido, hay historias que resisten y en Pocito, Iranzo es una de ellas.

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La familia Iranzo, protagonista de una historia que ya lleva 50 años en Pocito.
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