Sarmiento antes de ser Sarmiento: la increíble historia del lector incansable

Mucho antes del prócer, estuvo el lector: un joven que hizo de la lectura su gran herramienta.
Culturales05/08/2026Valeria MorenoValeria Moreno
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Antes de convertirse en maestro, escritor y presidente, Domingo Faustino Sarmiento fue un joven con una sed de conocimiento que parecía no tener límites.

En una época en la que conseguir libros no era sencillo y mucho menos accesible para todos, Sarmiento hizo de la lectura una verdadera forma de vida. Quienes estudiaron su trayectoria coinciden en que dedicaba largas horas a leer, buscando respuestas y descubriendo nuevos mundos a través de los textos que llegaban a sus manos.

La tradición sostiene que su pasión era tal que incluso leía mientras caminaba. No desperdiciaba oportunidad de aprender: libros, periódicos y cualquier escrito que pudiera aportarle nuevos conocimientos despertaban su interés. Cada texto era una posibilidad de ampliar su mirada.

Nacido en el seno de una familia humilde, hizo todo lo posible por conseguir libros. Cuando podía, los compraba; otras veces los pedía prestados o aprovechaba cualquier oportunidad para acceder a ellos. Para Sarmiento, los libros no eran un gasto, sino una inversión en su propia formación.

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Su curiosidad iba más allá del idioma que hablaba. Aprendió francés e inglés en gran parte por su cuenta, ayudándose con diccionarios y textos, porque quería acceder a ideas y conocimientos que muchas veces aún no estaban disponibles en español. Su objetivo era leer de primera mano a autores extranjeros y conocer los avances que se producían en otras partes del mundo.

Su formación fue un desafío constante. De hecho, cuando no obtuvo una beca para continuar sus estudios en el Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires, no abandonó su sueño de aprender. Por el contrario, decidió seguir educándose por sus propios medios, convirtiéndose en uno de los grandes autodidactas de la historia argentina.

La escuela también ocupó un lugar importante en su vida. La tradición escolar recuerda al joven Sarmiento como un alumno dedicado, de aquellos que no dejaban que una dificultad fuera motivo para abandonar las clases. Incluso quedó grabada la imagen de aquel estudiante que asistía aun en días de lluvia, porque entendía que aprender era una oportunidad que no debía perderse.

Antes de ser el maestro que impulsaría la educación argentina, Sarmiento fue un alumno que convirtió los libros en sus grandes aliados. Su historia demuestra que muchas veces una persona puede empezar a cambiar su destino con una herramienta simple, silenciosa y poderosa: la voluntad de aprender.

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