
Reflexión Dominical: La Iglesia, comunidad de salvados y de salvación

La Iglesia, santa y necesitada de purificación, está compuesta por miembros que, aun caminando hacia la santidad, tienen caídas que el Señor llama pecado. “Si tu hermano llega a pecar…” ; ante esto, tienes con él un deber: ayudarlo a encontrar el camino que ha extraviado. Es un deber de salvación propia que brota de la caridad fraterna.
El discurso eclesiástico, del cual tomamos el pasaje de hoy, ocupa todo el capítulo 18 del Evangelio de san Mateo. Dejando atrás las enseñanzas sobre la humildad, el escándalo y la parábola de la oveja perdida, se nos presentan las directrices sobre la corrección fraterna, el discernimiento de la comunidad y la oración en común.
En la corrección fraterna, que comienza en la intimidad del «tú a tú» , es fundamental la discreción. El objetivo es “ganar al hermano” , no condenarlo; se busca restaurar la relación y rescatarlo del pecado.
La intervención de otras personas se funda en el Antiguo Testamento, que exige la presencia de dos testigos para garantizar la justicia, evitar murmuraciones y proteger a la persona acusada. Existe una clara progresión pedagógica: se va de la máxima privacidad a la prudente instancia comunitaria.
La actitud de considerar a alguien como "pagano o publicano" representa el reconocimiento formal de que la persona ha roto libremente la comunión. Sin embargo, al mirar el comportamiento del propio Jesús hacia paganos y publicanos, descubrimos que esto nunca significa odio o exclusión definitiva, sino un nuevo punto de partida para la evangelización y la misericordia.
Hace unos domingos escuchábamos cómo el Señor concede a Pedro la autoridad de atar y desatar. En este capítulo 18, extiende esta misma potestad al conjunto de la comunidad, o a los apóstoles como guías de la Iglesia. "Atar y desatar" significaba declarar lo que está permitido o prohibido según la Ley. Así, lo que la comunidad decide en comunión con la voluntad de Dios en la tierra, tiene eco y ratificación en el ámbito celestial.
La oración de la comunidad unida garantiza la sintonía con la voluntad del Padre. En el judaísmo rabínico se enseñaba que cuando dos o tres se sientan a estudiar la Torá, la presencia gloriosa de Dios habita entre ellos. Jesús se apropia de este atributo divino al declarar: "Donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos" . Es la consecuencia directa de lo que significa su nombre, Emmanuel (Dios con nosotros), y de lo que promete antes de ascender a los cielos (estaré siempre con ustedes).
En este domingo, descubramos que la única deuda que tenemos es la de amarnos, ayudarnos y perdonarnos como hermanos. Necesitamos de la comunidad, que ata y desata, para no endurecer el corazón y para escuchar con claridad la voz del Señor. Esa comunidad es fuerza en la oración y la ocasión perfecta para vivir la Santa Presencia del Salvador.
Vivamos eclesialmente este domingo: celebrando lo que creemos, viviendo lo que celebramos y orando lo celebrado; pero, sobre todo, gozando de que Jesucristo está en medio de nosotros.
¡Feliz domingo!



Después de los incendios en Pocito, Cáritas de Santa Bárbara inició una campaña solidaria

Reflexión Dominical: “Donde está Pedro, allí está la Iglesia; y donde está la Iglesia, no hay muerte, sino vida eterna” (San Ambrosio de Milán)

Reflexión Dominical: "No hay verdadera oración sin espíritu de humildad."

Reflexión Dominical: «Si la fe vacila, la barca se tambalea; si la fe es firme, caminaremos sobre las aguas.»

Llegan días con viento sur que provocan descenso de temperaturas

Colangüil avanza en el desarrollo de su proyecto de Turismo Rural Comunitario

El invierno no se fue, un frente frío recorre el país y desploma las temperaturas en San Juan



