Reflexión Dominical: Hoy celebramos la Ascensión del Señor

Reflexionamos sobre el regreso de Jesús al Reino de los Cielos como signo evidente de su mensaje y naturaleza divina
Comunitarias17/05/2026 Pbro. Ángel Hernández

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Hoy nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo; que nuestros corazones asciendan con Él. Hemos resucitado con Cristo y somos invitados a buscar las cosas de arriba, donde Él está sentado a la derecha de Dios.

Así como Él ascendió sin apartarse de nosotros, nosotros ya habitamos allí arriba sin descuidar la misión que nos ha confiado: transmitir la Buena Noticia y orientar toda la realidad hacia la comunión trinitaria. Como bien dice San Agustín:

“Cristo, aunque está en lo alto, permanece con nosotros. Y nosotros, de igual manera, aunque habitamos aquí abajo, ya estamos con Él. Él puede hacerlo por su divinidad; nosotros, no porque seamos divinos, sino por el amor que le tenemos”.

La vida es una tensión permanente entre lo que pasa y lo que permanece. No hace falta mirar lejos para comprender cómo las etapas de nuestra vida nos han obligado a soltar aquello que deseábamos eterno. Sin embargo, aunque parezca que todo disminuye —el tiempo, las fuerzas, la salud—, en realidad avanzamos hacia la plenitud donde todo será seguro y saciante. El motor de este avance es el amor: el deseo del encuentro con la Fuente de la Vida y con quienes hemos amado.

El Hijo eterno no abandonó el cielo al descender, ni se distanció de nosotros al ascender. Al atraernos hacia Sí, no nos saca de la tierra, sino que nos capacita para asumir el presente y transformar las realidades temporales bajo su señorío.

El Padre obra en nosotros mediante la potencia del Espíritu Santo que, principalmente en los sacramentos, nos diviniza. Es el mismo poder que San Pablo describe:

Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos.
Aquel que lo sentó a su derecha, por encima de todo principado.
Aquel que lo constituyó Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y plenitud.

Durante estos días supliquemos el Rocío Celestial del que invocamos como Paráclito, Soplo de Dios Viviente, Señor y Dador de Vida.

Hoy digamos con confianza al Señor Jesucristo, Rey Glorioso, sentado junto a la derecha del Padre:

Te elevaste, Señor, más allá de los cielos,
y, sin embargo, te haces cercano
en el misterio velado del Sacramento.
Atráenos hacia ti, y correremos, sedientos,
tras la fragancia viva de tu amor.
Amén.

¡Buen domingo de la Ascensión del Señor!

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