
Reflexión Dominical: Dios es fiel a sus promesas

Mateo resume la actividad de Jesús diciendo: «Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas de ellos, proclamando la Buena Noticia del Reino y sanando todas las enfermedades y dolencias». Al Maestro, que se deja tocar e interpelar por la realidad, se le conmueven las entrañas al ver a tanta gente necesitada de guía, cuidado y defensa. La imagen del «rebaño sin pastor», de fuerte raíz bíblica, denota su dolor ante la actitud de los líderes religiosos que debían cuidar al pueblo pero lo habían dejado desamparado, cargándolo con normas legales, pero sin guiar su corazón.
La exhortación a pedir trabajadores para la mies, lejos de ser una simple respuesta piadosa, nace de la convicción profunda de que al Padre no le es indiferente el sufrimiento de sus hijos. Al contrario: todo lo humano tiene eco en el corazón de Dios, y Él enviará a quienes sepan congregar de nuevo lo que se dispersó.
El capítulo 10 se abre con una respuesta práctica: la vocación y el envío. Primero, los discípulos son llamados a ponerse a los pies del Maestro para recibir la palabra y las instrucciones de la misión. Luego, Jesús les transfiere exactamente la misma tarea que él realizaba en el capítulo anterior: expulsar espíritus impuros y sanar enfermedades. El enviado comparte los poderes del Rey.
«No vayan a regiones paganas... vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel... Lo que recibieron gratis, denlo gratis».
Con esto, Mateo subraya que Dios es fiel a sus promesas: la salvación debía ofrecerse, en primer lugar, al pueblo de la Alianza (Israel). Más adelante, tras la resurrección, este mandato se ampliará a «todas las naciones».
El centro del anuncio es claro: «El Reino de los Cielos está cerca». Es el mismo mensaje que predicaba Juan el Bautista y el mismo que proclamaba Jesús. Al prohibirles cobrar por los milagros, el Maestro busca evitar que los apóstoles se conviertan en «magos itinerantes» o charlatanes que buscan enriquecerse. El Evangelio es un regalo de Dios y, por lo tanto, debe comunicarse con generosidad absoluta.
Este texto fundamenta la naturaleza esencialmente misionera de la Iglesia. Nos muestra que la misión de los cristianos no nace de una estrategia de marketing o de una necesidad de expansión corporativa, sino del corazón compasivo de Jesús al contemplar el sufrimiento del mundo.
Los creyentes estamos llamados a prolongar las acciones sanadoras y liberadoras de Cristo con la misma gratuidad con la que recibimos la fe. Vivamos este día desde la gratitud de haber creído y pidamos la fuerza necesaria para contagiar esa esperanza.
¡Buen domingo!


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